Chernobyl: La narración de un desastre perfecto

“¿Cuál es el costo de las mentiras? No es que las confundiremos con la verdad. El verdadero peligro es que, si oímos suficientes mentiras, luego no reconoceremos la verdad”. Así arranca la estupenda Chernobyl de HBO y Sky.
En la URSS el átomo era un militante más del partido. La generación de energía nuclear contribuía a la gloria del socialismo soviético. En fin, era una arista más en esa compleja lucha de poder que la potencia del este sostenía con Estados Unidos. Sin embargo, el desastre en Chernóbil (26 de abril de 1986) hizo evidente que había un desconocimiento general de los riesgos asociados por parte de los lideres del régimen. En la búsqueda de la supremacía sobre occidente, la KGB había clasificado como secreto de Estado información científica sensible que habría podido evitar la tragedia.
La nueva y exitosa miniserie se enmarca en ese doloroso capítulo de la historia presentándonos la torpeza para enfrentar el desastre, así como la peligrosa combinación de ignorancia y negligencia de los gobernantes (que tomaban las decisiones sin posibilidad de ser cuestionados). Pero también nos muestra el dolor de las víctimas, el sacrificio y el valor de quienes le hicieron frente a la tragedia y las consecuencias de la propagación de la radiación: el desarraigo, la muerte y el abandono del espíritu humano.
En estos tiempos, en la televisión y el cine, las producciones se alargan y surgen precuelas, secuelas y spin-offs casi por generación espontánea, por eso es un acierto que HBO y Sky apuesten por contar de manera magistral una historia en apenas cinco episodios de una hora. Pero no es solo la duración el único mérito de Chernobyl, tiene muchos más, es difícil enumerarlos, y la mejor forma de corroborar mi afirmación es verla y comprobar que se trata de uno de los mejores productos de la televisión en este 2019 en el que le estamos diciendo adiós a tantas series.
Hay dos aspectos de esta minisierie en los que quiero detenerme. El primero tiene que ver con el trío de actores en el que recae la mayor parte de la carga dramática: Stellan Skarsgård en el papel de Boris Shcherbina, vicepresidente del consejo de ministros, hombre de política y negocios que tiene que enfrentar la crisis y tomar decisiones difíciles haciendo equilibrismo entre su deber y sus convicciones; Jared Harris como Valeri Legósov, primer científico contactado por el gobierno para intentar entender lo que ocurrió y que encuentra reiteradamente oídos sordos a su conocimiento y finalmente Emily Watson quien da vida a Ulana Khomyuk, un personaje ficticio que engloba a muchos valientes científicos que intervinieron para salvar vidas explicando los efectos de la radiación ionizante, pero también buscaron que la verdad saliera a la luz aun a costa de su propia seguridad personal.
El manejo del sonido es el otro aspecto del que quiero hablar: largos silencios, ruidos metálicos y eléctricos monótonos, moscas revoloteando y la respiración humana aportan a la perturbación del espectador, a infundir terror psicológico a lo invisible.
Quiero cerrar con una reflexión sobre creencia y conocimiento. Una de las personas que habló para el estupendo libro Voces de Chernóbil (1997) le dice a su autora Svetlana Aleksiévich (Nobel de Literatura 2015): “En nuestra cabeza aún no cabía que el átomo de uso pacífico pudiera matar” y es que precisamente eso también es palpable en la serie, el discurso político había enaltecido el papel de la energía nuclear y en general de los avances científicos y tecnológicos, pero paradójicamente había relegado a la ciencia a un papel decorativo, por eso muchos no entendían la magnitud de la tragedia. Pero también está el hecho de que las personas decidimos selectivamente en que creer. Muchas personas creen en dios (cualquiera que éste sea), el cual es un ente invisible, pero les es difícil comprender que algo que no ven, pero está ahí, como es la radiación, pueda hacerles tanto daño. Quizás la naturaleza humana nos lleva a creer en lo divino, pero a no confiar en el conocimiento real de la naturaleza sobre todo si se refiere a lo microscópico, a lo molecular, a lo atómico.

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