martes, junio 19, 2018

Ir a cine: una reflexión

Ir a cine, es para mí un placer, un gusto que me permito satisfacer y una oportunidad de desconectarme del espacio y el tiempo por dos horas, a veces un poco más, otras un poco menos. Nunca apago el celular cuando veo una película, pero sí lo silencio apenas comienzan los cortos y vuelvo a revisarlo cuando ruedan los créditos finales o al salir de la sala.
Aunque es difícil imaginarlo, es probable que haya personas que van obligadas a cine, sin embargo, seguramente son una pequeñísima minoría. Considero, entonces, que la mayoría de espectadores toman la decisión libre de ir a disfrutar de una película, y por eso no entiendo a esas personas que no guardan el celular, que están pendientes de los mensajes que les llegan y que aparentemente están a la espera de una llamada de vida o muerte.
Creo que uno de los males de nuestro tiempo es que estamos hiperconectados, por lo cual algunos individuos temen abandonar ese estado, así sea por cortos períodos de tiempo; probablemente, sienten que son indispensables para el mundo y que los complejos engranajes del universo van a dejar de funcionar correctamente si ellos no están pendientes.
Sé que cuando uno está en una sala de cine pueden pasar muchas cosas, tanto buenas como malas, en nuestras vidas personales y laborales, pero eso es algo a lo que siempre estaremos expuestos, es inherente a la condición humana. El mundo sigue su rumbo y sería bonito aprovechar el tiempo y el dinero invertidos para ver una película a plenitud y respetar el derecho de los otros a hacer exactamente eso mismo. Ni más ni menos.