domingo, octubre 24, 2010

No hay silencio que no termine

1. El autor vs. La obra
En su columna de SEMANA del 26 de septiembre Daniel Samper Ospina aborda con su particular estilo la noticia del lanzamiento de No hay silencio que no termine y dice que: “[…] Héctor Abad dijo que estábamos ante un gran tratado sobre la miseria humana. Seguramente. Pero en estas cosas es mejor ser sincero y decir las cosas a tiempo: y no lo voy a comprar. Reconozco que soy una persona mentalmente inferior a todos ustedes, y esta vez me cuesta trabajo separar al autor de su obra […]”
En este caso, discrepo de la afirmación de Samper Ospina pues creo que hace tiempo superé los remilgos de aquel lector para el lo cual si lee un libro es porque adora al autor o en su defecto al fenómeno mediático que lo acompaña.
Si no fuera consciente de que una cosa es la obra y otra quien la escribe me hubiese privado de los magníficos relatos de García Márquez que como persona me parece un ser público ambiguo, contradictorio y bastante convenenciero.
Es por eso que en esta ocasión decidí dejar mis prevenciones frente a la señora Betancourt y proceder a zambullirme en un relato sobre uno de los más oscuros pasajes de la historia reciente de Colombia.
2. Mujeres relevantes
Sin temor a equivocarme puedo decir que en los últimos diez años (2000-2010) hay tres mujeres que así nos guste o no han tenido un papel protagónico en el acontecer nacional y su presencia ha sido una marca tanto en los medios nacionales e internacionales. Ellas son: Shakira, Piedad Córdoba e Íngrid Betancourt .
En esta oportunidad nos corresponde hablar de la última de estas mujeres, que sin lugar a dudas ha estado en el radar, primero por su lucha antigobiernista en el Congreso cuando el Proceso 8000, luego por su singular candidatura a la Presidencia de la República seguida de su secuestro, sus años de cautiverio, su rescate y sus pretensiones económicas frente al Estado, para sólo nombrar algunos de los episodios en los cuales Íngrid ha estado involucrada.
Betancourt también es un personaje ambiguo que durante estos años ha generado amores y odios intensos, jamás hay con ellas términos medios. Es para la gran mayoría una ciudadana de primera clase, más francesa que colombiana. En resumidas cuentas y al igual que Piedad una mujer incómoda.
3. Una breve mirada

Título: No hay silencio que no termine
Título original: Même le silence a une fin
Autor: Íngrid Betancourt Pulecio
Traducción: María Mercedes Correa, Mateo Cardona, Íngrid Betancourt Pulecio 
Páginas: 710
Editorial: Alfaguara, Santillana (Bogotá, 2010)
ISBN: 978-958-758-003-7
Calificación: **** 


Sinopsis:Había perdido toda mi libertad y, con ella, todo cuanto me importaba. Alejada a la fuerza de mis hijos, de mi madre, de mi vida y de mis sueños; con el cuello encadenado a un árbol… en condiciones de la más infame humillación, conservaba, no obstante, la más preciosa de las libertades, que nadie podría arrebatarme jamás: la de decidir quién quería ser”. En 2002 Ingrid Betancourt, candidata a la presidencia de Colombia, fue secuestrada. No hay silencio que no termine es el relato de sus seis años y medio de cautiverio a manos de las FARC. Íntimo, terrible, intensamente personal, este testimonio de su propia aventura no se parece a ningún otro. He aquí un viaje al corazón de las emociones extremas, una meditación sobre la vida, sobre la condición del réprobo y sobre lo que significa ser humano. (Reseña Editorial Aguilar España).
4. Impresiones después del viaje
Finalmente, sólo hace falta que después de las consideraciones precedentes les presente mi punto de vista acerca del libro después de haberlo leído con avidez durante las últimas semanas.
El extensísimo libro de Betancourt inicia con un primer capítulo memorable nombrado La fuga de la jaula, el cual está desconectado de la línea del tiempo que sigue el resto del texto y trata a cerca de uno de las tantas infamias de las que fue víctima en la selva. En éste ella también marca claramente la orientación que pretende darle a su obra y las reflexiones personales que quiere transmitirnos a los lectores. En mi primer acercamiento pude sentir el dolor de esa mujer viviendo en una pesadilla que jamás estuvo al alcance de su imaginación, pero también se hizo evidente la gran lección de que en la adversidad los seres humanos podemos ser despojados de muchas cosas, pero nunca de aquellas convicciones internas que nos definen como la persona que somos. La lectura del primer capítulo en la Revista SEMANA fue el impulso final para decidir que tenía que comprar el libro y leerlo hasta el final.
Ya en los otros capítulos lo que encontré fue una nueva versión de la historia que todos conocemos y de la cual ya había encontrado otras interpretaciones en 7 años secuestrado por las FARC de Luis Eladio Pérez en relato a Darío Arizmendi y Cautiva de Clara Rojas.Los otros libros de ex-secuestrados no los he querido leer por los peligros de entrar en una especie de género literario criollo de mala calidad que genera textos para públicos morbosos antes que para lectores críticos. En No hay silencio que no termine el elemento adicional que se puede encontrar es una descripción minuciosa –demasiado a veces- de los lugares, las situaciones y las personas con la que Betancourt se cruzó durante sus años de cautiverio.
El libro es una radiografía de los vejámenes de la guerrilla para con los secuestrados pero también para con los mismos miembros de ese grupo. Se  evidencian las contradicciones del ejército del pueblo y la pérdida de todo marco lógico y viable para llegar al poder.
El texto presenta situaciones tan increíbles que en el ejercicio de la lectura se olvida que se está leyendo un testimonio real de una ex-secuestrada y se disfruta como si se tratase de una muy buena novela de suspenso y tensión constante entre los personajes.
Lo malo es que con frecuencia en las más de setecientas páginas uno se encuentra con una protagonista muy protagonista, una heroína que lucha incansablemente y que exhibe lo mejor de sus valores y trata siempre de ejercer un papel conciliador en aquellos episodios de fricciones entre los  secuestrados. En esta línea también construyó un retrato de Clara Rojas como una persona con unos ataques repentinos de rabia, con acciones bastantes desconsideradas para con ella y que en el ámbito personal no exhibe buenas costumbres de limpieza.
En últimas lo cierto es que Íngrid Betancourt es una mujer polémica a las que muchos detestan por sus actuaciones públicas que ellos reprochan. Sin embargo, uno no puede privarse de leer el testimonio de una de las protagonistas de este horror que vivimos en Colombia.

ESQUIRLA
En esta semana hemos vivido una vergonzosa situación en Bogotá por cuenta de la contratación en el Distrito. Es cierto que en todas las declaraciones que hacen los implicados puede haber mentiras e impresiones, pero no por eso los escuderos del alcalde Moreno pueden desconocer que en la ciudad se percibe la falta de un gobierno con los suficientes pantalones para hacerle frente a todos aquellos problemas que nos aquejan. Por ejemplo pusieron en marcha muchas obras sin la suficiente planeación previa: los contratos se modifican casi siempre con beneficios para los contratistas, los trabajos se prolongan y se presentan demasiados imprevistos y ante las escasez de espacio las pocas vías que quedan se congestionan. Lo que está pasando es tan evidente que la inversión social no puede servir para ocultarlo como pareciera que intenta el alcalde. Y una de las consecuencias más drásticas es para el Polo que perdió la gran joya que tenía, se han notado sus divisiones internas y personajes como Carlos Gaviria y Jorge Robledo no cogen el toro por los cuernos y en su grupo se habla que todo es una artimaña de la facción que dirige Gustavo Petro. Como leí en una caricatura de Matador ahora a Samuel le dicen Calentamiento Global.