jueves, julio 01, 2010

Saramago


Título: Caín
Título original: Caim
Autor: José Saramago
Traducción: Pilar del Río
Páginas: 189
Editorial: Alfaguara (Bogotá, 2009)
ISBN: 978-958-704-908-4
Calificación: **** 


Hace ya dos semanas que José Saramago nos dejó para siempre. Con él pierde la literatura pues era un hombre lúcido que a pesar de su edad todavía tenía mucho que decir en su obra.

De Saramago yo no sabía mucho: portugués, Premio Nobel de literatura, un personaje muy polémico y poco querido por la iglesia católica.

A pesar de mi gusto por la lectura no había tenido la oportunidad de acercarme a su obra hasta que llegó pues alguien que si es un lector habitual de Saramago dejo a mi alcance El Viaje del Elefante del cual leí varias páginas mientras mataba una tediosa espera en una sala de estar. Me pareció un librito formidable, fácil de digerir y con una particularidad excepcional que fue lo que me fascinó: el uso de las mayúsculas, pues el autor las emplea cuando las reglas de ortografía lo indica (punto aparte, punto final) y cuando el considera que es indispensable que una palabra comience por mayúscula, pero para él no había nombres propios. En segundo lugar, me parecio formidable que las conversaciones están construidas de corrido y no hay algún signo (guión) que indique diálogos entre personajes. Él usa las comas para ir entrelazando los parlamentos de sus personajes.

Ya en diciembre del año pasado después de mucho esperar que llegara a Colombia cayó en mis manos Caín una novela demasiado corta pero magnífica que me atrajo claramente por su temática. Caín presenta una visión particular de algunos de los hechos más relevantes del antiguo testamento. Empieza con la creación y el destierro del paraíso. La nueva vida de Adán y Eva después de salir del paraíso y el nacimiento de los hijos. Pero realmente el punto donde la historia comienza a ponerse interesante es cuando Caín mata a su hermano Abel. Se presenta un diálogo entre dios y Caín, en el cual este último encara al creador y el todopoderoso tiene que aceptar la parte de culpa que tiene en el fraticidio. De ahí en adelante lo que nos presenta Saramago es una serie de episodios en los cuales el transfondo es el unilateralismo de un dios que se equivoca demasiado, que hace apariciones extraordinarias para impresiones, eso si nunca tan espectaculares como el discurso de aceptación de JuanMa. Caín se encarga de ir contradiciendo esa frase tan cansona que nos dicen para que veamos el vaso medio lleno: "Los designios de dios son inescrutables".
Saramago fue tan contundente en su obra con respecto a sus reparos al andamiaje del credo de la iglesia católica que fue merecedor de la crítica póstuma del Vaticano, al cual él había criticado en vida.

Aunque existen varios apartes que me gustan muchísimo en el libro que ya he leído dos veces, reproduzco un párrafo del capítulo 4 cuando Caín tiene que dejar a su familia por un acuerdo que realizó con el señor:

"Llorar sobre la leche derramada no es tan inútil como se dice, de alguna manera es un hecho instructivo porque nos muestra la verdadera dimensión de la frivolidad de ciertos procedimientos humanos, ya que, si la leche se ha derramado, derramada está, simplemente hay que limpiarla [...]"