domingo, noviembre 08, 2009

Una cruz a cuestas

En estos días los integrantes de la Corte Europea de Derechos Humanos no la deben estar pasando muy bien, pues al organismo le llueven críticas de todos lados. Todo esto debido a la decisión que en estos tiempos no debería tener nada de extraño de ordenar que se retire de todas las aulas de entidades educativas y oficinas públicas italianas uno de los símbolos sagrados de la comunidad católica: El Crucifijo.

La decisión no debería sorprendernos: en los estados laicos, donde se supone existe la separación entre la iglesia y el Estado es natural que un símbolo que representa únicamente las creencias de un porcentaje de la comunidad no se le imponga a los demás. Más aún, en el continente europeo donde los excesos son comunes, donde el pensamiento se supone es tan progresista, el tema no debería levantar tanto polvo. Sin embargo, ha ocurrido lo contrario, críticas es lo que hay.

No sólo la iglesia ha reaccionado es natural que intente defender su postura sino personajes como el señor Silvio Berlusconi, un muy buen católico que defiende sus principios. Pero que ironía que este mismo personaje esté en el ojo del huracán por sus relaciones non sanctas con muchachitas. Un ejemplo de doble moral.

El portavoz de la Conferencia Episcopal de Portugal dijo "Para los católicos es un símbolo religioso, pero para los demás es un icono de la no violencia". Al menos yo lo contradigo, para mi el crucifijo recuerda las atrocidades del imperio romano, que luego la iglesia pulió durante la inquisición. Otra vez doble moral. 

Bueno para redondear, a mi las reacciones me parecen inmorales. Obligar a que el crucifijo esté presente en los lugares de instituciones públicas no es correcto, es no respetar las creencias de los protestantes, de los judíos, musulmanes, budistas, ... Es asociar un símbolo religioso a un Estado que supuestamente aboga por la libertad de cultos.

Me parece una reacción desmedida de los defensores de la fe católica, que parecen no haber aprendido que la tolerancia debería ser el punto de partida del amor entre los unos y los otros.